High-Rise recalls the simplistic social symbolism of Bong Joon-ho’s Snowpiercer—it’s Class Warfare 101.
It’s like Snowpiercer (real estate stands in for a post apocalyptic train), with Jeremy Irons’ all-powerful Mr.
Lo mejor está todavía por venir pues los personajes de Jump/Wheatley/Ballard son bizarros por ser familiares, desde el arquitecto hasta la estrella pop, desde el ama de casa oprimida hasta el exitoso hombre que nos guía por este laberinto de elevadores que multiplican rostros que se parecen siempre a los de alguien más -y piensen aquí en la frivolidad turbia de American Psycho (EUA, 2000)- y son ellos quienes a pesar de la debacle anunciada (Snowpiercer se asoma más de una vez, aunque sin la potencia estética de Wheatley) deciden quedarse en el edificio, en el sistema y reproducirlo aunque nada pueda soportarlo.
It’s simplistic to label “High-Rise,” Ben Wheatley’s retro-futuristic tale of class warfare, a vertical “Snowpiercer.”
Watching High-Rise, I was reminded of the many other, better films that have tackled class anxiety in a similar setting: George Romero’s Land of the Dead , Luis Buñuel’s The Discreet Charm of the Bourgeoisie , Bong Joon-Ho’s Snowpiercer and (at the top of this particular class) Fritz Lang’s Metropolis .
Hace un par de años, el público fue sorprendido por la adaptación a cines del cómic Le Transperceneige que, en las manos de Joon-ho Bong (The Host, Mother) se convirtió en la alegórica El Expreso del Miedo (Snowpiercer).