Tomando como pretexto a tres antiguos vampiros que intentan sobrevivir a la vida moderna en Nueva Zelanda, los realizadores reflexionan sobre el verdadero peso del personaje en la cultura popular, inspirándose en trabajos como Drácula: muerto pero feliz (Dracula: Dead and Loving It, Mel Brooks, 1995) o La sombra del vampiro (Shadow of the Vampire, E. Elias Merhige, 2000).