Frosty mountain passes, raging rapids, heavy snows, pesky critters — DiCaprio's Glass and his erstwhile comrades struggle mightily amid some of the most convincingly harsh wilderness locations since Akira Kurosawa's Siberian survival tale Dersu Uzala (1975).
La adversidad ampulosa prueba además que Iñárritu ya no se dedica a hacerle el trabajo sucio a los gringos racistas preTrump (Babel o jamás dejes a tu hijo con una sirvienta mexicana porque acabará deshidratándose en el desierto), sino que ahora se dedica a apantallar a la ignorancia universal saqueando, glosando, abaratando y banalizando grandes ideas de películas mediocres o supremas, para amaestrar y reimponer una artesanía elemental y efectista, por lo que ahí están en primer término las vistosas penalidades del insuperable Richard Harris en Un hombre llamado caballo (Silvestein 70), ahí están por enésima vez en el cine primario soñándose sofisticado continuos zarpazos impotentes que se basa en la belleza y la poesía de las fuerzas elementales (el sentido místico de la naturaleza más negativa que nunca, la inquebrantable voluntad del hombre movido por el instinto) que dominaron los pioneros escandinavos (Sjöström, Stiller), ahí está el infierno bíblico de los héroes legendarios d…