La saga que empezó con La Noche del Demonio ( Insidious , 2010) y continuó con La Noche del Demonio 2 ( Insidious: Chapter 2 , 2013), dos trabajos muy disfrutables dirigidos por James Wan y escritos por Leigh Whannell, parecía haber alcanzado su punto más bajo en aquella deslucida tercera parte, La Noche del Demonio 3 ( Insidious: Chapter 3 , 2015), a cargo del propio Whannell en modalidad director, porque el cuarto eslabón, La Noche del Demonio: La Última Llave ( Insidious: The Last Key , 2018), nuevamente con un guión de Leigh aunque ahora con dirección de Adam Robitel, éste conocido por La Posesión de Deborah Logan ( The Taking of Deborah Logan , 2014), Escape Room: Sin Salida ( Escape Room , 2019) y su también horrenda secuela del 2021, había levantado un poco el espectro cualitativo de una franquicia ya de todos modos muerta o sin nada valioso para decir o sin novedad alguna en el horizonte retórico que justifique la montaña rusa de sustos y gritos.