Agente contrainteligente aspira a ser la comedia más repulsiva de todos los tiempos, con permiso de la ya insoslayable y prestigiada Pink Flamingos (1972): en ella se difama gratuitamente a personas reales, se incurre en ofensas de clase, raza y género, se sube la apuesta a la hora de transgredir tabúes de representación y, entre otras muchas cosas, se rompe la imagen de actores proverbialmente sofisticados, a golpe de chorros de semen paquidérmico o de insertos testiculares.