It got a clobbering from debris in 2014 in Alfonso Cuarón’s Gravity, and it similarly takes a beating in the opening moments of Life.
El cineasta sueco, Daniel Espinosa ( Child 44 , 2015), construye pacientemente una atmósfera de realismo científico en Life: Vida inteligente (Life, 2017).
Ahora, en unos años en los que el subgénero de aventuras espaciales parecía condenado a derivar hacia propuestas más serias y existencialistas –Gravity (Alfonso Cuarón, 2013), Interstellar (Christopher Nolan, 2013), La llegada (Denis Villeneuve, 2016)–, es de aplaudir que una propuesta moderadamente modesta (58 millones de dólares de presupuesto) como Life (2017) se libere de todo tipo de complejos y dobles lecturas para recuperar aquel espíritu de monster movie de toda la vida, aquella que no se andaba con rodeos a la hora de dejarnos claras sus prioridades, que no eran otras que la de hacernos vivir una terrorífica odisea espacial a costa de la criatura voraz que iba menguando la tripulación de la expedición espacial de turno.