Las imponentes ciudades industriales de Alemania y Singapur son capturadas con precisión por el cinefotógrafo Óttar Guðnason (Inhale, 2010); pero la seducción de los escenarios contrasta enormemente con el bajo nivel de los actores, en particular Hannah Ware, la responsable de ser el eje emocional del filme se percibe como otro más de los Agentes: sin emociones.