Afortunadamente para quienes tienen prejuicios ante este tipo de biopics que giran alrededor de personalidades “ilustres” de la política, El vicio del poder se desmarca radicalmente de la mayoría de los tópicos que caracterizan a este tipo de cine que tendría algunos de sus más destacados representantes en el Alan J. Pakula de la fundamental Todos los hombres del presidente (1976), que plasmó en la gran pantalla las consecuencias del escándalo Watergate, o, sobre todo, en el siempre polémico y visceral Oliver Stone, director que, a lo largo de su carrera, ha retratado a algunos de los más grandes líderes norteamericanos (con sus luces y sombras) mediante títulos como JFK (1991), Nixon (1995) o aquel W. (2008) protagonizado por Josh Brolin en la piel de George W. Bush y en el que Richard Dreyfuss ya realizó una aproximación secundaria a la figura de Cheney, que bien podría funcionar estupendamente como parte de un interesante programa doble junto al filme de McKay.