Antes tuvimos la terrible película de Super Mario Bros. (1993) –a pesar de Bob Hopkins, John Leguizamo y, claro, el gran Dennis Hopper como Koopa–, y luego vinieron los horrores imperdonables de la saga de Resident Evil (2002); babosadas sin sentido como Pixels (2015) –que, aunque no sea adaptación, se empantana en revivir viejos juegos ochenteros–; las locuras de Dead or Alive (2006); las espantosas Alone in the Dark (2005) y Farcry (2008) del pobre Uwe Boll –que quiso dirigir Warcraft pero que Blizzard, con justa razón, mandó a volar–; los horrores recientes sin alma de Angry Birds (2016) y Need for Speed (2014); las dos bazofias de Hitman (lo siento Mila Kunis); la pésima adaptación de Doom (2005) y un largo etcétera que sólo se salva, tal vez, con la visualmente impactante e innovadora Final Fantasy: The Spirits Within (2001).