El filme tiene todo el sello del actor y director australiano, quien muestra además su capacidad como un cineasta lleno de recursos no sólo para referenciar los dramas de guerra clásicos en sus texturas y puesta en escena –la primera parte de su cinta parece hecha en los años 50–, sino también para abordar los elementos psicoanalíticos propios de aquella época, lo que incluye un breve juicio marcial a la manera de The Court-Martial of Billy Mitchell (1953), de Otto Preminger.